I.- El detonante
Hoy por la tarde leí en Cliotropos la entrada sobre el proyecto Knol, de Google. Ahí, Felipe Castro reflexiona acerca de las diferencias entre este proyeto y las wikis (en específico la wikipedia, pero que se puede aplicar al resto de las wikis, comenzando por la ideada por Ward Cunningham en 1995). En el momento en el que lo leí solamente se me ocurrió dejarle a Felipe un breve comentario, pero la cosa me quedó dando vueltas en la cabeza durante un buen rato.
A simple vista, la diferencia parece radicar exclusivamente en que la wiki ofrece contenidos (léase conocimiento) de autoría colectiva, mientras que knol es un proyecto que reconoce la autoría individual. Las implicaciones de ello y que Felipe anota son varias. Por ejemplo, en knol no existirá la continua corrección de entradas que tiene un artículo de wiki, con lo cual, mientras que en las wiki se busca un solo artículo por tema, en knol forzosamente existirán varios sobre el mismo tema y, seguramente, repetitivos, contradictorios o en debate. El proceso social de construcción de conocimiento que existe en las wiki mediante el borrado/modificado colectivo se volverá en knol solamente un proceso social de calificación de la información por medio de votos y comentarios a los artículos, ya que nadie distinto al autor del mismo podrá borrar o modificarlos. Este funcionamiento de knol evitaría lo que alguna vez, tanto Felipe como yo -ex-wikipedistas fugitivos y confesos-, tuvimos que ver sucedía con nuestras aportaciones: interpretaciones de datos o los propios datos históricos de primera mano (documental) y novedosos (pues los acabábamos de procesar en un archivo), eran borradas por el colectivo para regresar a los datos o interpretaciones consignadas en… ¡historiografía con por lo menos tres décadas de antigüedad! Pero la cosa no para ahí.
Más tarde me topé con las dos recientes entradas de ConTexto, la bitácora de Adolfo Estalella, que consignan la realización de un evento en Madrid, el 18 y 19 de este mes (o sea, que ya no llegamos a tiempo desde este lado del charco porque ya está siendo), llamado wikiST, Producción ciudadana de eSTandares. En la primera de ellas, Estalella relaciona tres palabras fundamentales, conocimiento-poder-tecnología, con otra palabra clave en la era digital, de Internet y Web 2.0: estándares ciudadanos. Remito urgentemente a su lectura para poder seguir el hilo de lo que sigue sin tener que hacer el feo Ctrl+C - Ctrl+V.
II.- Conocimiento histórico: historiografía profesional y memoria colectiva en la época de lo digital.
Llamo época de lo digital a todo lo que nos ha tocado vivir desde la revolución de las computadoras/ordenadores personales a finales de los setenta. La presencia de estas máquinas en las universidades mexicanas con bastante más frecuencia desde inicios de los años ochenta y vinculada con la aparición de La Red (www) a finales de la misma (basada en un método de interconexión descentralizada de redes de computadoras conocido desde fines de los sesenta, aka Internet), tal parece que nos dejó paralizados a los universitarios y académicos, sobre todo a los más cargados hacia las ciencias sociales y las humanidades. Quizá las generaciones más jóvenes de antropólogos, etnógrafos y sociólogos han empezado a rascarle con más provecho a este asunto. Pero los historiadores nos hemos rezagado, pues no hemos terminado por comprender los potenciales de los medios digitales y la tecnología de computadoras no solamente como recursos para la investigación sino para la difusión, pero sobre todo la discusión en el proceso de construcción del conocimiento histórico. Debo decir, en descargo de Felipe Castro (para el caso mexicano), que él ha sido uno de los pioneros en utilizar La Red para el beneficio de la comunidad de clionautas a partir del proyecto de H-México, fundado por él, Antonio Ibarra y otros colegas en 1995. Sin embargo, nos seguimos quebrando la cabeza pensando en la mejor manera de potenciar la comunicación tanto entre lo propios colegas clionautas del medio académico y profesional, así como de estos con el público en general que suele consumir y tener su opinión sobre el conocimiento y los hechos históricos. Vuelvo aquí entonces sobre el problema de conocimiento-poder-tecnología y estándares ciudadanos.
No tengo detrás lecturas teóricas adecuadas al respecto. Lo que sigue es completamente extraído de la observación empírica tras la experiencia de varios años de cibernauta aunado al gusto de experimentar diferentes tecnologías para utilizarlas en mis procesos de investigación. Dejo por ahora de lado -aunque creo que debería ocuparme del tema en otro momento y de manera específica para historiadores-, la amplia gama de recursos que ofrecen los medios digitales, las computadoras y La Red para el trabajo del historiador, pues muchos colegas todavía siguen viendo a las computadoras como máquinas de escribir que permiten corregir textos sin gastar papel. Me refiero a herramientas y procedimientos como el acopio de información (consultas a catálogos de bibliotecas y archivos digitalizados), el procesamiento de información en bases de datos con métodos cuantitativos y cualitativos, la exposición e intercambio de información con colegas y estudiantes, el trabajo en seminarios a distancia mediante weblogs, la yuxtaposición de dos o más discursos (texto, imagen, sonido) para potenciar la fuerza explicativa/comprensiva de un argumento, y un sinfín de maravillas. Pero me salto por ahora todo eso y me centro en el poblema de la sociabilización del conocimiento construido mediante reglas disciplinarias consensuadas (el método del historiador, el método del antropólogo, el método del científico) y el cómo esa sociabilización empata/no empata con la construcción social del conocimiento.
En la era post-foucaultiana ya nadie puede afirmar que no existe conocimiento elaborado -aun el que en apariencia es más aséptico, como el autodenominado científico de las ciencias duras, o en apariencia socialmente benéfico, como el tecnológico, de las ciencias aplicadas-, ni conocimiento expresado, nemotética o ideográficamente, que no conlleve en sí y detrás de sí una toma de postura frente a la realidad por parte de quien o de quienes lo crean y reproducen, y en consecuencia funcione como un instrumento para el ejercicio del poder (dicho esto de la manera más burda para resumir, aunque si se me apura, lo desarrollo en otro lugar). En el caso del conocimiento histórico este fenómeno es mucho más evidente dado que se suele construir la memoria histórica para legitimar o deslegitimar una situación política dada, por supuesto, desde el ejercicio del poder (la historia la escriben los vencedores). Y aunque en algún momento determinado alguna innovación histórica hecha desde el poder pudiese causar reparos de algunos que están en la oposición, la continuada difusión de la historia oficial, desde los programas de educación cívica de las escuelas primarias hasta los contenidos “históricos” de los medios de información -radio, televisión y periódicos-, termina por conformar una idea sociabilizada y uniforme (un estandar desde el poder), en la mente de los ciudadanos al grado de convertir ese discurso historiográfico en mitos difíciles de extraer.
En el caso de los estándares ciudadanos respecto a los contenidos historiográficos de las wikis, son estándares que se suelen construir a partir de los libros de texto oficiales (la historia oficial), o a partir de material polémico que, más que llevar a cabo una investigación sistemática sobre un tema determinado elaboran una descalificación sistemática del discurso historiográfico oficial.
¿Qué sucede cuando un conjunto de historiadores académicos -adjetivo que no implica, por supuesto, dejar de tomar una postura política frente a su práctica profesional-, encuentran una, digamos, tercera vía de interpretación distinta a la oficial y a la de oposición con base en un estudio más sistemático de la información que ofrecen las fuentes históricas?
Creo que ese es el punto en el que nos tenemos que detener a reflexionar los historiadores académicos a la hora de pensar nuestra vinculación, ineludible, con lo digital. Ningún conocimiento es acabado ni absoluto, sea de la biología, la matemática o la historia. Siempre está en proceso de modificación. Ninguna entrada y ningún tópico de cualquier wiki es la última palabra pues siempre se le podrá adicionar una nueva interpretación, algún nuevo descubrimiento sobre el fenómeno o dato sobre su estructura. Pero en el caso del conocimiento histórico el asunto se torna más espinoso.
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Víctor Gayol ha planteado, entre muchos otros temas que ameritarían comentario, las dudas sobre la condición y respetabilidad del experto. En nuestra sociedad hemos, en este sentido, recorrido un largo camino en la apreciación popular de la figura del científico, que en las películas en blanco y negro de los años 50s aparecía siempre como un personaje distante del resto de la humanidad, con conocimientos abstrusos, profundos e incuestionables. El tiempo ha pasado, y ya no estamos tan seguros de que los resultados del progreso científico sean invariablemente positivos. Tampoco son absolutos: los humanistas contemporáneos hemos contribuido a difundir la idea de que todo conocimiento es relativo, que no hay verdades eternas y absolutas y que, en el caso de la historia, la construcción de la memoria puede ser una de tantas maneras de dar justificación y legitimidad a quienes ocupan (o pretenden ocupar) el poder. Si esto es así, en poco se distingue el historiador profesional de los periodistas que tratan de dar un “contexto histórico” a sus notas, de la personalidad local que escribe sobre su patria chica, o del antiguo empresario que publica sus memorias. La diferencia, en todo caso, sería más de grado que de naturaleza. Al cabo, como propone Squidoo, uno de los sitios de “auto edición” enciclopédica de conocimientos, “todos somos expertos en algo”.
y Paco Ignacio Taibo II encuentran un espacio de confluencia en la desconfianza, sino es que la hostilidad hacia los historiadores de oficio. Catón se refiere con gusto a los “historiadores paraestatales”; Taibo no pierde ocasión de decir que el mundo académico mexicano está poblado por historiadores cuya principal preocupación es formar otros historiadores.
Lo que podrìa denominarse una rebelión populista contra la tiranía del experto está en marcha con banderas desplegadas en los campos de Clío. Es muy interesante ver como dos autores de libros de historia con posiciones políticas contrapuestas, como Armando Fuentes Aguirre (más conocido como “Catón”
Si se me pregunta mi opinión al respecto, diría que estas cada vez más extendidas (y simplistas) actitudes deberían en realidad ser bienvenidas. Por un lado muestran que el interés por la historia de México es muy vivo y vigoroso. Y, por otro, constituyen un llamado de atención para las instituciones que han acabado por considerar que la divulgación del conocimiento histórico es algo secundario, sino es que prescindible. Algunos destacados colegas, como Alvaro Matute, han señalado los riesgos e inconveniencias de esta configuración peculiar de las prioridades institucionales, y en conversaciones informales entre los historiadores aparece con frecuencia esa inquietud. Es un tema que, ciertamente, parece que amerita una cuidadosa (e inmediata) reflexión.
Felipe Castro
Referencias: Squidoo se halla en http://www.squidoo.com/
Los curiosos artículos de “Catón” aparecen en Reforma, que es un periódico sin acceso en línea.
Una entrevista a Taibo puede consultarse en http://www.jornada.unam.mx/2006/11/19/index.php?section=cultura&article=a04n1cul
El texto a que me refiero de Matute se halla en
http://www.zetatijuana.com/html/EdcionesAnteriores/Edicion1700/Cultura_LaHistoriaSegunMatute.html
Es un gusto reencontrarnos en este rincón de expresión y no puedo dejar e comentarte que por lo que respecto a los Wikis y al proyecto Knol de Google, en lo personal siempre he estado a favor de los wikis, simplemente porque cambian cada momento lo que para algunos puede llegar a ser confuso ya que entonces cual es la verdad, si siempre se esta reescribiendo, cosa curiosa que la mayoría de nosotros estamos linealmente acostumbrados a que exista 1 verdad y ya.. Ojala fuera asi de sencillo, ahora el poryecto KNOL, nos permitirá hacer miles de versiones de cada una de las preguntas que pongamos en la pantalla, quiza eso sea aun mas confuso para algunos, pero en realdiad te abre un abanico de posibilidades de comprender desde amplios puntos de vista la interpretación de las cosas.. sin querer esta es la forma como se estan tejiendo ahora las historias a través e redes humanas y sobre todo a través de sisemas nodales de conocimiento, espero en verdad que sea un éxito hy se le seguimiento, Wikipedia ha sido un gran avance para compartir conocimiento ahora queremos mas.. lo digo en nombre de los miles de GEEKS que pasamos horas pegados a un monitor en busca de informacion que nos saque de nuestra ignorancia.
Francisco Moreno, Felipe Castro: gracias por los comentarios. He dejado esta bitácora un tanto descuidada, pero es que a veces se recarga el trabajo. No sé, ambos comentarios merecen una entrada cada uno. Vaya… a pesar del tiempo que ya pasó, el diálogo sigue vivo. Gracias.